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No perdamos el norte: por una Europa Social

La Unión Europea cumple 60 años en el que, probablemente, es su momento más delicado. Y digo probablemente porque la Unión Europea ya ha pasado por momentos difíciles, como la lucha de bloques, el muro de Berlín, la caída del mismo, o el proceso de integración de muchos países del antiguo bloque del Este. Pero es ahora cuando se han desencadenado una serie de problemas que posiblemente tienen en el Brexit su máxima expresión, con el divorcio de uno de sus miembros más antiguos respecto al resto de la Unión. Problemas como la crisis de la deuda, la del euro, las políticas de austeridad, el paro, la pobreza, la desigualdad, la crisis refugiados, de los ataques terroristas, y de nuevo de las fricciones entre dos bloques, y cuyas consecuencias son las dudas de la ciudadanía sobre la razón de ser de la Unión Europea, sobre la legitimidad de las políticas de sus gobiernos, y sobre la capacidad, eficacia y democracia de las estructuras que gobiernan la Unión. Unas políticas y unas instituciones que muchos ciudadanos y ciudadanas, como el caso del pueblo británico, consideran que no responden a sus problemas más urgentes, y por eso no confían en ellos.

Celebramos el sexagésimo aniversario del tratado de Roma a tan sólo cuatro días de la fecha en que el Reino Unido ha decidido que se produzca su desconexión con la Unión Europea. Un Brexit, al igual que el triunfo de otros populismos, fruto del descontento de las personas, de su desafección hacia el instituciones europeas, del desapego hacia sus representantes políticos… UGT ya ha advertido en repetidas ocasiones que no es sólo una grieta en la pintura de la Unión, sino una seria señal de los daños estructurales de la casa común. Desde la Unión General de Trabajadores ya dijimos en su momento que el referéndum sobre el Brexit suponía un examen a las políticas austericidas que estaban dejando desamparadas a las personas, que debería ser el verdadero objetivo de las mismas. No nos alegra decir que creemos seguir teniendo razón: como dice mi secretario de Relaciones Internacionales, Jesús Gallego, la Europa que dejan las y los británicos euroescépticos es la Europa que ellos creen los ha dejado a ellos.

Una Europa que tiene el ejemplo más desgarrador de sus actuales políticas en la crisis de los refugiados, permitiendo que el mar Mediterráneo se convierta en una gran tumba para miles de personas que sólo pretenden alcanzar Europa para lograr una esperanza de vida, permitiendo que países como Turquía y Grecia, especialmente, se conviertan en un inhumano campo de concentración para miles de seres humanos que huyen de la guerra y la pobreza. No basta con denunciar: debemos exigir responsabilidades cuando los Estados miembros fallan a sus compromisos, ética y valores europeos, como ha sucedido con la nefasta, inhumana, vergonzosa e ilegal respuesta dada a las personas que, huyendo de la guerra, el hambre y la miseria, utilizan la legislación internacional y se encuentran con el muro de la ignominia europea.

Es fundamental que Europa, sus instituciones, sus políticos, cambien inmediatamente sus políticas. Éste situación no debe hacernos perder el norte: no se trata de salvar las estructuras de la Unión porque sí, se trata de de mantener la Unión Europea por y para sus ciudadanos y ciudadanas, para lograr una Europa más social, más solidaria, más humana. No vamos a lograr detener situaciones como la desconexión británica introduciendo más liberalismo y más economicismo. Y sólo lo lograremos con una Europa más unida, más integradora, que antepongan los intereses de sus ciudadanos frente a los intereses económicos, que  ponga por delante los derechos de las personas frente a los intereses de las corporaciones y las empresas, que luche, promueva y defienda los derechos de sus ciudadanos, especialmente los de los más desfavorecidos frente a los intereses de los que sólo piensan en ganar dinero a su costa. Una Unión Europea, que afronte el drama del paro, de la precariedad, de la pobreza, de la desigualdad, de los trabajadores pobres, de la protección social,…que se preocupe de asegurar unas condiciones de vida y trabajo justas, de la salud laboral, de una sanidad y una educación de calidad para todos, de unos sistemas de pensiones que aseguren una vejez en condiciones dignas…que sepa afrontar los nuevos retos sociales, laborales y económicos poniendo a las personas en primer lugar, como en el caso de la digitalización y robotización de la economía. Sólo de esa manera lograremos que los ciudadanos europeos confíen en la Unión Europea, en sus instituciones y sus representantes.

Este 60 aniversario tiene que ser la ocasión de reencontrarnos con una Unión Europea más solidaria, coherente e ilusionante, que dé pasos decididos hacia una Europa de sus ciudadanos y ciudadanas, una Europa Social.

PD: Hoy, 25 de marzo, también es el Día Europeo contra la Trata de Seres Humanos. Tenemos que exigir a los gobiernos y a la Unión Europea una lucha eficaz contra la trata y contra la explotación en todas sus formas, uno de los delitos más graves contra los derechos humanos. No mires hacia a otro lado, el drama está en cada esquina.

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