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Lito

Conocí a Manuel Fernández, “Lito”, en el año 1977 durante la celebración en Barcelona del Primer Congreso de la Federación del Metal de la UGT. Él, aunque a penas superaba los 30 años, ya era un dirigente sindical bregado y yo empezaba a tener mis primeras responsabilidades en la base del sindicato. Aunque nos podían unir muchas cosas, lo que verdaderamente marcó nuestro vínculo fue el hecho de ser los dos asturianos. Lito lo fue y muy intensamente. Desde entonces, tuve la suerte de formar parte de su círculo de amigos. Además de aprender constantemente de él, de admirarlo por sus capacidades y de considerarlo sindicalmente uno de mis maestros, ser amigo de Lito ha sido un privilegio porque ha sido de esas personas que dejan huella en los demás, que saben establecer relaciones directas con los que les acompañan, en definitiva, que saben singularizar un vínculo para que realmente se convierta en único.

Mi amigo Lito era un clásico, sindicalmente hablando. Una persona de firmes raíces ideológicas. Un sindicalista con los pies muy bien puestos en la tierra. Pero nada de esto lo convertía en una persona antigua ni resistente al cambio. Justo lo contrario. Siendo un clásico, estuvo al frente de todos los procesos de cambio, de impulso y de innovación en la estructura del sindicato y en sus propuestas públicas. Un dirigente que creyó en la necesidad de incorporar a los jóvenes de forma activa en la acción sindical.

Era de esas personas que combinaba a la perfección reflexión y evolución. Pero si de algo se le podía acusar era de una profunda coherencia sindical y personal. Por eso, aunque él siempre consideró que la UGT y el PSOE eran organizaciones hermanas que debía entenderse, no dudó en estar al lado de Nicolás Redondo, nuestro histórico secretario general, cuando se produjeron las tensiones con el PSOE y con el gobierno de Felipe González al final de los años 80 y el inicio de los 90 en España. No dudó en plantarle cara a su partido cuando creyó que se distanciaba de los intereses de la clase trabajadora. Y por esa misma coherencia, también asumió su desencuentro con Nicolás Redondo cuando creyó que la UGT necesitaba un impulso de cambio y renovación que él podría haber encarnado perfectamente si hubiera ganado aquel congreso del año 1994, que perdimos juntos.

Aquella fue una derrota de las que unen. No hizo más fuerte nuestro vínculo personal porque se puede decir que ya no podía serlo más, pero sí que lo hizo con la relación que él tenía con los compañeros y las compañeras del sindicato en Catalunya. Desde entonces, tuvimos en Lito a un aliado en la defensa de nuestras ideas y nuestras posiciones. A partir de aquella experiencia, se intensificaron sus lazos con Catalunya para comprender nuestra realidad, nuestros planteamientos y aceptar nuestras diferencias. Unas diferencias que entendía y que en estos momentos de dificultades en la relación entre Cataluña y España también le preocupaban. Sin duda, y quiero reconocerlo públicamente, hoy la UGT de Catalunya no tendría el peso que tiene en el conjunto de la sociedad catalana ni en el seno de nuestra confederación si no hubiéramos contado con el apoyo de Lito.

 Lito era una de esas personas que sabe darle valor a las cosas que son verdaderamente importantes. Libre de accesorios y de imposturas, había conseguido evitar todas aquellas innecesarias adherencias que a veces van con el cargo. Claro y directo. No era de darle más vueltas de las imprescindibles a las cosas, pero tampoco de buscar atajos fáciles. Lito unió su destino a los suyos, a la clase trabajadora y así vivió toda su vida. Para arremangarse en un conflicto y para negociar hasta la extenuación en la búsqueda de un buen acuerdo. Uno de los tantos acuerdos en los que se dejó las cejas y que sirvió para salvar muchas empresas, muchos puestos de trabajo y a muchas familias.

Mi compañero y amigo Lito, con el que compartí esperanzas, derrotas, victorias y hasta un pollo a l’ast en las Ramblas de Barcelona durante el primer congreso de la Federación del Metal en el año 1977, simplemente porque aquel delegado de 20 años era asturiano como él, ha dejado un legado personal y sindical tan importante que siempre estará presente.

 

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