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Una oportunidad en nuestras manos

Estos planes pueden ser sectoriales o globales pero sean cuales sean, requieren para su éxito que tengan detrás el apoyo de la sociedad en su conjunto.

Esta semana hemos conocido los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al segundo trimestre del 2020. A trazo grueso, se advierte que los desempleados aumentan en 55.000 personas (un 1,66%) en el trimestre, llegando hasta 3.368.000. El número de ocupados se sitúa en 18.607.200 personas, 1.074.000 menos que en el trimestre primero (-5,46%) y 1.197.700 inferior que un año atrás (-6,05%) (Cifra que no incluye a los afectados por un ERTE). Y, un dato fundamental que nos alerta respecto a la realidad de nuestra vitalidad económica, el número de horas trabajadas descendió un 22,59%. Además, como era de esperar nuestro PIB se desploma un 18,5% en los meses de abril a junio a la vez que descendió de forma vertiginosa el consumo de los hogares españoles en el mismo periodo.

Las cifras son demoledoras. A pesar de todo el esfuerzo por crear una red de salvaguarda de los empleos y tejido productivo, la crisis del COVID-19 ha afectado y está afectando de forma muy negativa al mercado laboral español. Negar la evidencia carece de sentido. Desde el punto de vista social, las medidas de protección establecidas deberán ser prolongadas para proteger a personas y empresas que, en caso contrario, se verán abocadas al desempleo y al cierre. Pero, es obvio que el sostenimiento y mejora de la protección social para empresas y personas trabajadoras, para ciudadanos y ciudadanas en general, no es la única línea política social a seguir.
El país requiere otra mirada. Tenemos una oportunidad. Ya comentamos positivamente la semana pasada el acuerdo europeo, con sus luces y algunas sombras. Ahora es el momento de nuestros políticos y de las organizaciones sindicales y patronales que tanto hemos aportado para soportar esta crisis.

No nos podemos quedar quietos, pero tampoco lanzarnos a proyectos cortoplacistas que no cambien nuestra estructura productiva. Se nos llena la boca con palabras como economía verde, transición justa, investigación, digitalización, innovación, energías renovables, transporte sostenible, recualificación y aprendizaje profesional. En suma, una radical  transformación. Es la hora de que estas palabras adquieran un verdadero sentido.

Dispondremos de unos 170.000 millones de euros entre el programa de Nueva Generación Unión Europea (140.000 mil millones) y 30.000 millones de euros de los fondos  estructurales. 72.700 millones en ayudas directas que obligan a los Estados a la elaboración de planes nacionales de recuperación y resilencia que desarrollen programas de inversiones y reformas que den vida a las palabras que enumeraba en el párrafo anterior. La inversión pública ya no es clave, es vital para el mantenimiento y relanzamiento de nuestra economía, sin que ni siquiera los garantes de la ortodoxia liberal y de la virtuosa, y no menos falsa, libre competencia, eleven sus lamentos.

Estos planes pueden ser sectoriales o globales pero sean cuales sean, requieren para su éxito que tengan detrás el apoyo de la sociedad en su conjunto. El consenso político es imprescindible. Pero no sólo. Este momento requiere de una visión global, de un Contrato o Pacto Social. Es imprescindible el concurso de las organizaciones sindicales  y patronales que han demostrado sobradamente durante esta crisis su templanza, sentido común y altura de miras frente a la superficialidad de otros.
El Diálogo Social debe comenzar ya. Los Planes que elabore el Gobierno deben discutirse en las mesas pactadas. Lo contrario  restaría vitalidad, fuerza, y la riqueza que aportan las diversas perspectivas. No por afán de protagonismo, sino porque sabemos y hemos demostrado que conocemos la realidad de nuestras personas y actividades y podemos aportar propuestas o mejorar las que se planteen.

Esos planes deben servir para cambiar nuestro tejido productivo, para hacerlo más fuerte frente a las crisis, para dar vida, lo repito una vez más, a unas hermosas palabras que durante demasiado tiempo se han utilizado en vano sin propósito real alguno. Sería un crimen dejar a todas las personas afectadas de una forma u otra en esta crisis sin la oportunidad de futuro que se nos pone en las manos.

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