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Y después, ¿qué?

Preparar el futuro más cercano es clave para que la crisis del COVID-19 no actúe con tanta fuerza sobre los trabajadores y trabajadoras. Os comparto un artículo que he escrito en eldiario.es.

Nos encontramos inmersos en una crisis sin precedentes para las personas de nuestra generación. Su globalidad, la rapidez de su expansión, la incapacidad de dar una respuesta uniforme más allá de los límites de Estados tradicionales, la desigualdad social en su afectación, son rasgos que nos muestran con claridad que el modelo actual tiene unas importantes debilidades que pueden llevarnos a todos a consecuencias dramáticas.

En nuestro país, estamos aún inmersos en la crisis sanitaria, va a costar mucho salir de ella. Pero ya se van apuntando declaraciones, muchas veces encontradas, respecto al camino a seguir una vez que la senda de la epidemia permita tomar otras medidas. La lectura o escucha de la mayor parte de los discursos me dejan perplejo. Parece que no se ha aprendido nada de esta lección. La mayor parte de las propuestas se limitan a tímidas estrategias de vuelta a una “normalidad anterior” bajo el artilugio del consenso. Y ello, a pesar de que hemos advertido, entremos o no en el debate de gestiones anteriores, que los recursos dedicados a la sanidad pública son completamente insuficientes y que ésta es imprescindible; que existen ámbitos productivos en la industria que han sido abandonados a un mercado basado en el dumping social, con la consecuencia de la inexistencia de tejido productivo en sectores estratégicos laminados por una competencia imparable. Hemos constatado, también dolorosamente, que la apuesta por una economía basada en el sector servicios y que abandona el sector industrial al “libre mercado” supone un desastre para nuestras aspiraciones de construir una sociedad avanzada; que, frente a otros países en la misma situación, nuestra legislación laboral favorece la destrucción masiva de puestos de trabajo. De nuevo, y parece que no nos cansamos, hemos sufrido la dura enseñanza de que dejar al mercado actuar con plena libertad desampara de forma absoluta a los más expuestos.

Son muchas las lecciones que podemos sacar de esta crisis. Demasiadas para dejarlas caer en saco roto. La estrategia de salida de la crisis no se puede limitar a una serie de recetas que nos pretendan situar en un “ideal” mundo anterior a la epidemia. La intervención del Estado en sectores estratégicos de la industria, suministros esenciales, servicios bancarios, es imprescindible para asegurar una respuesta adecuada a esta crisis, pero también para modificar el erróneo camino que seguíamos hasta ahora. Nuestra legislación laboral debe cambiar. No vale para momentos de crisis, tampoco para momentos de bonanza. Solo se ceba en los más indefensos. Es también esencial un cambio en la política fiscal que determine mayores recursos para aspectos vitales para nuestra sociedad como la sanidad pública y la investigación. La caridad no puede sustituir a la justicia. Y lo que no es menos importante, Europa no puede abandonarse a las insolidarias soluciones de nación; eso supondría el fin de un proyecto histórico valiosísimo que ha dado paz y riqueza a nuestro continente.

Siempre es hora de reflexionar sobre el futuro, eso es lo que caracteriza a los hombres de Estado, pero con soluciones distintas. El modelo adoptado tiene demasiadas fisuras. No persistamos en el error.

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