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Invertir para avanzar

Después de 7 meses sufriendo las consecuencias de esta maldita pandemia, me da la sensación que no hemos aprendido nada.

Cuando llegó, en el mes de marzo, nos cogió a todos con el pie cambiado. Tuvimos que tomar medidas drásticas, adaptarnos a la situación, y negociar sin descanso para que su impacto no fuera tan dañino para los trabajadores y trabajadoras, así como para la sociedad en general. Éramos conscientes que las consecuencias económicas serían muy importantes, y que nuestro país necesitaba tomar el futuro más cercano con una mentalidad de cambio y atrevimiento importante, contrarrestando con la última década. Es decir, sabíamos que España debía fortalecer su estado del bienestar, aumentar las inversiones en los servicios públicos, castigar el fraude y poner a las personas y su bienestar en el centro de todas las políticas.

 

Pero como decía, han pasado 7 meses, y no hemos aprendido nada. Debemos ser conscientes que el control de la pandemia pasa por la inversión, sin escatimar en recursos. De ella, podemos salir con un sistema productivo en plena forma. Sin embargo, aún a día de hoy, buena parte de la política en nuestro país, así como los empresarios, están más preocupados de hablar de una crisis descomunal, peor que la de 2008, que de buscar y proponer soluciones al problema.

 

Vemos como, después de hablar de la necesidad de aumentar el número de médicos y profesores, estos disminuyen o se mantienen, que los rastreadores brillan por su ausencia y que el virus sigue campando a sus anchas sin ningún tipo de control. Y encima, asistimos atónitos a la separación de clases, confinando como es el caso de Madrid barrios obreros, llenos de trabajadores y trabajadoras que su día a día lo pasan sirviendo cafés, limpiando casas o vendiendo productos en las zonas más nobles de la ciudad de Madrid. Unas zonas muy castigadas por esta crisis sanitaria, que ahora reciben un doble castigo por parte de las administraciones que han preferido mirar a otro lado durante estos meses, en lugar de ponerse a trabajar con consenso y acuerdo para mejorar y prevenir otra situación similar a la de marzo.

 

El futuro más cercano de nuestro país pasa, sin lugar a dudas, por cambiar la mentalidad. España necesita que sus instituciones piensen en el bien común, se invierta en servicios públicos y se centren los esfuerzos en controlar la pandemia. Si no escogemos el camino correcto, la caída será más dura.

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